19 :: Octubre :: 2019



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ROPA Y CALZADO:

 Situación actual.

     Dentro de los residuos domésticos que se generan en los hogares, hay una fracción, algo olvidada, pero no por ello menos importante, que es la de los residuos textiles.

    A nivel mundial, según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, la generación de prendas textiles se ha duplicado de 2000 a 2015, y se ha pasado de aproximadamente 50 mil millones de toneladas de ropa a 100 mil millones de toneladas, y se estima que va a seguir incrementándose.

     











 

     Además, es destacable que, no solo aumenta la producción de prendas textiles, sino que se ha instaurado la cultura “fast fashion”, que se refiere a que se consumen prendas fabricadas de forma rápida y a un bajo coste. Estas prendas son cada vez de peor calidad en cuanto a sus materias primas, lo que dificulta su futuro reciclaje, debido a las mezclas de materiales (fibras) utilizados en las mismas, y a la vez, son utilizadas un menor número de veces, lo que genera un aumento de su desecho.

     Esto provoca, aunque no seamos conscientes de ello, grandes problemas medioambientales, teniendo en cuenta que la industria textil es la segunda más contaminante, después de la derivada del petróleo, debido a los pesticidas, tintes y elevado consumo de agua que utiliza.

    Ante la problemática que los residuos textiles suponen, existen diferentes herramientas de mejora  para hacerle frente, como son: regular de forma más exigente la normativa sobre su gestión, incidir en la aplicación de la jerarquía de residuos establecida en la actual Ley de Residuos, así como concienciar al ciudadano para lograr una economía circular y sostenible.

     En cuanto a los objetivos de reciclaje actuales, cabe decir que, en el PEMAR (Plan Estatal Marco de Residuos 2016-2022) se establece como objetivo para 2020 reciclar un 50%  del textil generado. 

     Sin embargo, nos encontramos muy por debajo de este objetivo, ya que en España se generan aproximadamente 1 millón de toneladas de residuos textiles anualmente, y solo se destina a la reutilización y reciclado entre un 10-20 %, dependiendo de la fuente que utilicemos. En Europa, el porcentaje de reciclaje de textiles es mayor que en nuestro país, sobre un 25%.

     En España, según los últimos datos de la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil, ASIRTEX, se desechan unos 12-14 kg ropa/hab-año, mientras que sólo se recogen 1,5-2,5 Kg/hab-año en los contenedores de ropa.

     En Extremadura, en 2017, en las caracterizaciones realizadas en las plantas de tratamiento de residuos municipales (Ecoparques), se encuentra un 7,96% de residuos textiles en la bolsa gris de basura, fracción resto, que corresponden a más de 31.000 toneladas de ropa y calzado que acaba en nuestros vertederos, debido a que no se separa en origen.

     La reciente Directiva 2018/851, de 30 de mayo, de residuos, establece como obligatoria la recogida separada de textiles antes del 1 de enero de 2025.

 ¿Cómo deberíamos tratar de forma adecuada los residuos textiles que generamos?

    Para alcanzar una adecuada gestión de residuos (tanto textiles como no textiles) deberíamos construir, conforme al principio de jerarquía, una pirámide cuya base sería la prevención, es decir, consumo responsable y ecodiseño de productos. En un siguiente nivel la preparación para la reutilización y el reciclado, y en el vértice, la valorización energética y la eliminación.

     Sin embargo, en España, lo que tenemos es una pirámide invertida, con datos alarmantes: prácticamente el 80-90% de los residuos textiles que generamos van a vertedero, y tan solo un 10-20 % se deposita en los contenedores, para su reciclaje o reutilización.

     Resulta preciso incidir en la concienciación del ciudadano hacia un consumo responsable, contrario a la actual cultura del “usar y tirar”, basado en la prevención del la generación del residuo, y una mayor utilización del producto, esto es, comprar menos ropa y que esta sea de mejor calidad, priorizando aquella confeccionada con materias primas naturales, frente a las fibras sintéticas, difíciles de reciclar.

    El siguiente paso sería destinar la ropa a su reutilización, en primer lugar, entregándola a otras personas de nuestro entorno (familiares o amigos), o a empresas sin ánimo de lucro, tipo Cáritas, que la destinarán a personas necesitadas o, en su defecto, a empresas gestoras de residuos, a través de los contenedores que nos encontramos en la vía pública o en los puntos limpios. Estos gestores las clasificarán y venderán en el mercado de segunda mano, bien nacional o internacional. Este último es ahora el más extendido, aunque a medio-largo plazo irá disminuyendo la demanda de estas prendas en los países en vías de desarrollo.

    Cuando la ropa o calzado no es reutilizable, los gestores autorizados proceden a su reciclaje, vendiendo las diferentes materias primas secundarias obtenidas a otras empresas, para diferentes usos, como creación de trapos de limpieza, material aislante o para rellenos utilizados en el sector del automóvil u otros.

    Actualmente es importante la investigación en el uso de residuos textiles como futuros materiales de construcción más sostenibles y eficientes, por sus buenas prestaciones térmicas y acústicas. En otros casos, su destino será la valorización energética, como combustible y, por último, cuando no son viables las posibilidades anteriores, su destino será el depósito en vertedero.

 Próximos pasos.

    En el Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA 2018) se han tratado diversas estrategias para dar el salto a la sostenibilidad, entre ellas, “Cómo frenar el desperdicio textil”, que pretende abordar el flujo del residuo textil a través del acercamiento a la cadena de valor, el análisis de su producción, el cumplimiento de los objetivos ambientales europeos, los diferentes modos de gestión, la responsabilidad ampliada del productor y las innovaciones existentes para aprovechar este flujo de residuos.

    Entre las conclusiones del CONAMA 2018 figura que España debería seguir los pasos de Francia, la cual desde 2007 cuenta con una ley de responsabilidad ampliada del productor para los textiles (LOI n° 2006-1666 de 21/12/2006), que convierte en responsables a los productores e importadores de ropa, lino y calzado (TLC), para organizar la recolección y el procesamiento posterior al consumo. Este sistema es el único ente autorizado para recoger la ropa y el calzado desechado, y se ha conseguido que el 97% de todos los productores e importadores de TLC en Francia sean miembros de este organismo. Para financiarse, los miembros de EcoTLC pagan una tarifa a la organización de acuerdo con las cantidades de textiles y calzado que ponen en el mercado cada año. Sus objetivos para 2019 son que el 50% de los TLC comercializados sean recogidos por separado después del consumo y, el 95% de ellos, sean reutilizados o reciclados. Únicamente el 2% podrán terminar en el vertedero. Para lograr esta tasa de recolección, se estima que debería crearse un punto de recolección por cada 1.500 habitantes.

 

 

 

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